Volando a Chiloé, la Isla de los Zarapitos

En el sur de Chile, la isla grande de Chiloé y su entorno continental configuran un área crítica de invernada para dos especies de zarapitos que se reproducen en zonas subárticas de América del Norte y migran largas distancias para pasar el invierno boreal en las costas de América del Sur, volando a través de la ruta migratoria del Pacífico de las Américas.

Los humedales orientales de la isla albergan más de 20.000 Zarapitos de Pico Recto (Limosa haemastica), lo que significa el 27% de la población mundial y el 99% de la población de la costa del Pacífico, además de grandes números de Zarapito Común (Numenius hudsonicus) representando más del 60% de la población del Pacífico.  

Debido a la importancia de Chiloé para las aves playeras migratorias y al creciente número de amenazas sobre los hábitats críticos, en 2010 una coalición de socios locales, nacionales e internacionales lanzó el “Plan de Conservación de Aves Playeras Migratorias en Chiloé” cuya implementación ha sido posible principalmente gracias al apoyo de la David and Lucile Packard Foundation.    

Por su importancia para los zarapitos, en enero 2011, 1.900 hectáreas de los Humedales Orientales de Chiloé fueron declarados como un “Sitio de Importancia Hemisférica” de la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras (RHRAP/WHSRN, por sus siglas en inglés), con el apoyo explícito de propietarios y administradores del área, municipios locales y organizaciones comunitarias.

Más que aves playeras

El valor de Chiloé va mucho más allá de las aves playeras migratorias, siendo, ante todo, un territorio cultural vivo, donde comunidades locales han construido formas equilibradas de relación con la naturaleza, esenciales para incorporar la conservación desde una perspectiva territorial. En las zonas costeras del archipiélago, la vida cotidiana está profundamente vinculada al mar. La pesca artesanal, la recolección de orilla y el uso comunitario de los espacios intermareales forman parte de prácticas transmitidas generación tras generación.   

 Estas actividades no solo sostienen economías locales, sino también identidades culturales arraigadas en ciclos naturales, mareas y estaciones. En sectores como la Bahía de Curaco de Vélez (Santuario de la Naturaleza) las mismas planicies intermareales que alimentan a miles de Zarapitos de Pico Recto son también espacios de trabajo, encuentro y memoria para las comunidades.  

 

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Este sitio abarca un sistema de 10 humedalesCuraco de VélezPullaoChullecRilán, San Juan, Castro, PutemúnTeguelNercón y Quinchao.

Un laboratorio de conservación a escala de sitios 

Bajo el paraguas de acción del “Plan Chiloé”, Manomet Conservation Sciences ha diseñado e implementado acciones enfocadas en construir un entorno de conservación habilitante a escala de sitios, con la participación de ONGs, universidades, comunidades locales, empresas, emprendedores, municipios y ministerios.

Se han realizado diversas apuestas, probando enfoques y métodos, tratando de encontrar los caminos más costo-efectivos para alcanzar resultados de impacto.  Una de ellas ha sido la gestión de mecanismos de protección legal desde un enfoque “multicapas” combinando ordenanzas y reservas municipales, concesiones marítimas, áreas libres de caza, espacios costero-marinos protegidos por pueblos originarios y áreas protegidas. 

El uso creativo de estas capas de conservación ha permitido resguardar zonas sensibles, delimitar hábitats usados por las aves e instalar infraestructura básica, como formas de ir plantando banderas de conservación en los territorios. Un principio clave de este enfoque, es que cualquiera sea la figura por gestionar, implica siempre participación temprana y apoyo de las partes interesadas y usuarios en los territorios. 

Uno de los logros más tangibles en esta línea es la declaratoria de tres áreas protegidas que suman 8.258 hectáreas de hábitat resguardados para los zarapitos en Chiloé y zona continental adyacente (Humedales del río Maullín, Bahía de Curaco de Vélez y Bahía de Quinchao). Se han elaborado planes de manejo de manera participativa y se avanza en su implementación, incluyendo mecanismos de gobernanza local en las tres áreas protegidas.   

Otra apuesta de ejecución ha sido responder a la pregunta: ¿qué gano con la conservación? La respuesta dada ha sido la implementación de “Microfondos”, un mecanismo innovador que apoya pequeños emprendimientos locales conectados con la conservación de aves playeras. A través de este esquema, se han implementado 20 microfondos que han recibido financiamiento y acompañamiento técnico para fortalecer emprendimientos existentes o que están en etapa de iniciación, incluyendo apoyo con equipamiento, infraestructura básica y promoción. Véase artículo Pequeños fondos marcan la diferencia en Chiloé 

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La visión es que las aves playeras, sus hábitats y las comunidades Chilotas convivan de manera sostenible y se beneficien el uno del otro

Más involucramientocapacidadesbuenas prácticas y gobernanza local 

A medida que avanza el proceso de conservación, las comunidades locales se han involucrado más, como resultado de la implementación de campañas de mercadeo social enfocadas en cambiar comportamientos y generar conciencia, así como el desarrollo de iniciativas de ciencia ciudadana. Antes del inicio del plan, muy pocas personas y grupos conocían el valor de los Humedales de Chiloé, mientras que en la actualidad una parte significativa de la comunidad valora y apoya de manera tangible la conservación de estos ecosistemas, de la misma forma ha aumentado la apreciación nacional de este territorio.  

El trabajo de Manomet y socios locales como Fundación Conservación Marina, ha permitido además fortalecer capacidades locales y regionales en temas como buena gobernanza, mercadeo social, turismo, emprendimiento, monitoreo de especies y poblaciones de aves playeras, manejo de hábitats y puesta en valor del patrimonio cultural y natural, entre otros. Se ha promovido además el desarrollo de buenas prácticas en el uso y manejo de humedales por parte de propietarios privados de tierras y empresas de acuicultura.  

Se han implementado medidas para el resguardo de sitios y hábitats (cartelería informativa, zonas de exclusión, cercado de sitios de nidificación y medidas anti-depredación entre otros) y se ha habilitado infraestructura de acceso público (rutas patrimoniales locales, miradores y pasarelas). Las ferias y festivales de humedales y aves playeras en Chiloé se han convertido en vehículos para acercar mensajes de conservación a diversos públicos, siendo un importante espacio para emprendedores locales, una atracción para turistas nacionales e internacionales y espacios que fomentan el orgullo local. 

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Estos esfuerzos permiten a las comunidades locales y turistas apreciar la vida silvestre en los humedales, además del acceso y uso ordenado a sitios de importancia.    

Más de 30.000 personas han participado de estas actividades en los últimos 10 años y más de 200 emprendedores han promocionado sus ofertas de valor y vendido sus productos de artesanía, gastronomía y servicios turísticos en estos espacios. En términos de ciencia aplicada, las acciones implementadas bajo el “Plan de Conservación de Aves Playeras Migratorias en Chiloé” han permitido desde 2010, el monitoreo regular de poblaciones y especies de aves playeras en más de 30 humedales.

Además, se ha realizado monitoreo biológico de comunidades de macroinvertebrados intermareales en las bahías de Caulín y Curaco de Vélez. Esto permite comprender y gestionar la base ecológica que sostiene a las aves playeras en sus largas migraciones: su alimento y la calidad de su hábitat.  

Por un lado, el monitoreo permite medir abundancia y biomasa de presas, distribución espacial de recursos alimentarios y cambios estacionales en la oferta de alimento. Por otro lado, los macroinvertebrados son indicadores de la salud del ecosistema, ya que son altamente sensibles cambios ambientales como la contaminación, alteración de sedimentos, eutrofización, cambios hidrológicos y/o perturbación humana. La información obtenida ha facilitado un mayor acceso a datos que respaldan la toma de decisiones sobre planificación, uso, manejo y resguardo de las áreas, permitiendo medir la efectividad de las acciones implementadas.   

El desafío de sostener los procesos de conservación en el tiempo
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Los tomadores de decisión y los propietarios de tierras se están involucrando cada vez más en el proceso, construyendo un tejido de buena gobernanza local para el resguardo y manejo de sitios clave.  

El proceso en Chiloé ha debido saltar obstáculos en escenarios adversos como el estallido social de Chile en 2019, la pandemia del Covid-19 en 2020, cambios de institucionalidad y de autoridades, donde la conservación ha ido perdiendo preponderancia en la agenda pública.   

Chiloé enfrenta hoy transformaciones aceleradas debido a la expansión de industrias intensivas, el desarrollo energético, cambios en el uso del suelo y otras presiones sobre los ecosistemas costeros.  Los avances logrados en conservación en la última década en Chiloé -desde la generación de información científica, pasando por la creación de áreas protegidas hasta la articulación de una amplia coalición local de socios- constituyen una base sólida, pero evidencian también una realidad clave: los logros en conservación son reversibles si no se mantienen en el tiempo. La continuidad del proceso permitirá consolidar y escalar el impacto ya alcanzado y fortalecer un modelo replicable que ofrece aprendizajes relevantes para otros territorios costeros del Pacífico. 

 Al conservar humedales en la isla de los zarapitos, estamos contribuyendo directamente al bienestar de las comunidades que habitan sus entornos. Además de generar las condiciones necesarias para que las aves completen con éxito sus ciclos de vida anuales, se asegura la provisión de servicios ecosistémicos vitales para la resiliencia de las comunidades frente al cambio climático y para sostener diversas economías locales.    

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pesar del complejo y cambiante escenario descritohay logros significativos que permiten ir alineando las tres escalas de acción requeridas para conservar a las aves playeras; la local, la nacional y la de ruta migratoria. 

Fotos: Diego Luna Quevedo