Durante más de cien años, la producción artesanal de sal ha formado parte de la identidad de las comunidades del Pacífico hondureño. Sin embargo, esta actividad siempre fue considerada un trabajo de hombres.
Crecí entre montañas de sal y bandadas de aves migratorias. Recuerdo una frase que escuché muchas veces cuando era niña, pronunciada por mi padre, también productor salinero como mi abuelo: “La producción de sal no es para mujeres.” Allí decidí demostrar lo contrario.
“Durante muchos años nos dijeron que este no era un trabajo para mujeres. Hoy estamos demostrando que sí lo es y que, además, podemos producir sal mientras cuidamos la naturaleza.”
– Carmen Banegas
Julia en la salinera familiar de niña. Foto: Julia Salazar
Hoy soy Especialista en Producción Salinera y Conservación de Aves Playeras en Manomet Conservation Sciences y en la Oficina Ejecutiva de la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras (RHRAP/ WHSRN por sus siglas en inglés), y lidero iniciativas que buscan integrar la producción de sal con la conservación de las aves playeras en todo el hemisferio occidental. Desde el inicio, tuve claro que era importante visibilizar el rol de la mujer en la producción de sal. Hoy puedo decir con orgullo que ese cambio ya está ocurriendo.
Las fincas salineras del Pacífico de Honduras son refugios para miles de aves playeras que migran cada año por el continente. Estas aves encuentran en las lagunas salineras un lugar ideal para descansar y alimentarse durante sus largas migraciones. Lo que antes pasaba desapercibido para muchos productores, hoy se ha convertido en una razón más para cuidar estos espacios.
Estos esfuerzos no solo fortalecen la conservación a nivel local, sino que también sientan las bases para una futura nominación como sitio RHRAP/WHSRN, consolidando un proceso progresivo que reconoce el valor del sitio y el compromiso de sus actores.
“Antes mirábamos las aves y no sabíamos mucho. Ahora sabemos que vienen de muy lejos y que nuestras salineras les ayudan a sobrevivir”
– Delia Hernández


Julia y dos productoras supervisando fincas salineras, mientras que en otra imagen se ve a las aves playeras alimentándose en lagunas de producción de sal. Foto: Julia Salazar
En la Asociación Nacional de Productores Salineros de Honduras (ASOPROSALH) hay más de 24 mujeres productoras dueñas, administradoras y líderes del sector. Debido a la migración laboral de personas, sobre todo de hombres, en busca de mejores oportunidades, muchas de las comunidades salineras ahora dependen de las mujeres, quienes han cubierto la demanda de mano de obra para la producción de sal. Muchas de esas mujeres heredaron las salineras de sus familias y decidieron continuar con un oficio que forma parte de la historia de sus comunidades.
Bajo el proyecto “Sal Resiliente y Conservación de Aves Playeras” de Manomet Conservation Sciences con el apoyo financiero de la Iniciativa Darwin, cinco mujeres productoras, cuyas fincas forman parte del piloto del proyecto Darwin, están dando pasos importantes hacia una producción más resiliente al clima y más amigable con el ambiente. Están adecuando sus fincas salineras para incrementar la producción de sal y mejorar su calidad, al mismo tiempo que protegen los manglares y mejoran las condiciones para las aves playeras. Al mejorar las fincas salineras y su producción, estas mujeres también mejoran las condiciones de sus comunidades al ofrecer oportunidades de trabajo e ingresos justos.
Estas y otras mujeres de la Asociación de Productores Salineros de Honduras se han convertido en observadoras aficionadas, observando y registrando las aves que llegan a sus salineras. Toman fotografías, comparten videos, ayudan a identificar especies y promueven pequeñas acciones, como mantener las fincas limpias, mantener a sus mascotas lejos de las zonas que usan las aves playeras y evitar perturbarlas, convirtiéndose en aliadas clave para la conservación.
“Ahora, cuando llegan las aves, nos ponemos contentas. Sabemos que, si están aquí, es porque la salinera está sana.“
– Estreberta Hernández Escobar


Izquierda: Aves playeras descansando a la orilla de las lagunas de las salineras; derecha: Trabajadores en las fincas salineras construyendo calentadoras. Foto: Julia Salazar
“Gracias por permitirme formar parte de un proyecto en el que la naturaleza y el compromiso femenino se unen para conservar la vida. Ser mujer y contribuir a la conservación de las aves es sembrar esperanza para las generaciones futuras, donde cada ave protegida es un recordatorio de que las pequeñas acciones pueden crear grandes cambios.
– Magda Murillo
Al igual que las aves que visitan sus salinas, estas mujeres también han aprendido a adaptarse. La industria salinera enfrenta hoy grandes desafíos: el cambio climático, las transformaciones del mercado y las dificultades para sostener la producción artesanal. Pero estas productoras continúan trabajando con resiliencia. En la Bahía de San Lorenzo, donde la sal y el mar se encuentran, estas mujeres están escribiendo una nueva historia. Una historia en la que la tradición, la conservación y el liderazgo femenino caminan juntos, y donde, cada año, las aves playeras siguen encontrando un lugar donde llegar.
Escuchar sus voces y ver a estas mujeres liderando el cambio tiene un significado especial para mí, y me indica que vamos por el camino adecuado.
“Gracias por tomar en cuenta a las mujeres que, día a día, luchamos por el sustento de nuestros hogares, porque la producción de la sal es un trabajo digno, en el que la mano de obra es de personas que lo hacen con amor. Este proyecto está en manos de nuestro Señor. Donde la naturaleza es maravillosa, nos hemos dado cuenta de que las aves playeras son las que más nos visitan en nuestros proyectos y disfrutamos de sus bellos colores”, explica otra productora.”
– Brenda Hernández.



