Cuando Shiloh Schulte entraba a una sala—o a un remoto campamento de campo—no necesitaba anunciarse. Sin buscar protagonismo, su presencia era inconfundible. A menudo se le encontraba al borde de algo salvaje. Pertenecía a los paisajes en los que trabajaba. Shiloh te hacía sentir parte de algo importante. Recordaba a quienes lo rodeaban que la conservación trata tanto de las personas como de las aves.
El 4 de junio de 2025, perdimos a Shiloh en un accidente de helicóptero durante trabajo de campo en Alaska. Tenía 46 años. La noticia se difundió a través de las Américas, llegando a comunidades, costas y círculos conservacionistas donde Shiloh había dejado una huella profunda. Medir el impacto de una vida como la de Shiloh en términos comunes es difícil. Las aves cuentan parte de esa historia. Los Ostreros Americanos (Haematopus palliatus) que hoy prosperan en playas del Atlántico son una prueba viva de su liderazgo e inspiración. También lo son los Zarapitos (Numenius phaeopus), cuyas migraciones ahora comprendemos un poco mejor, y los Playeros Canela (Calidris subruficollis) y chorlos que se beneficiaron de la atención que él trajo a sus hábitats.


Izquierda: Verano en el delta del río Colville en 1997. Foto: Angela Schmidt.
Derecha: Shiloh Schulte, Alan Kneidel, Joaquín Aldabe, Brad Winn y Sam Wolfe en Texas.
A los 18 años, Shiloh comenzó su camino en el salvaje delta del río Colville, en Alaska. Esa experiencia lo marcó para siempre. Una mezcla de valentía y curiosidad lo llevó a algunos de los rincones más remotos del hemisferio—siempre dispuesto a aprender, escuchar y apoyar a quienes trabajaban por la conservación. Antes de convertirse en líder de grupos de trabajo internacionales, Shiloh construyó una base sólida en la ciencia. Obtuvo su licenciatura en Biología de la Vida Silvestre en la Universidad de Vermont, donde pasó los veranos adquiriendo experiencia práctica en investigación de aves y lideró caminatas los fines de semana con el club de excursiones. También fue miembro activo del equipo universitario de Taekwondo, disciplina que lo acompañó toda la vida y en la que alcanzó el cinturón negro de segundo grado. Más tarde obtuvo su doctorado en la Universidad Estatal de Carolina del Norte, donde estudió la ecología y biología poblacional del Ostrero Americano en las Islas de la Barrera de Carolina del Norte. Durante ese tiempo, ayudó a coordinar un programa regional de marcaje y observación en colaboración con investigadores y socios de toda la región. Científico hábil, observador apasionado y gran compañero de equipo, Shiloh llevaba la misma energía, sentido del humor y disciplina a cada sitio de campo, bitácora de datos y carrera de larga distancia.
Shiloh compartiendo su entusiasmo y conocimiento sobre las aves playeras.
Como científico senior en Manomet Conservation Sciences y estrecho colaborador de la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras (RHRAP/WHSRN), Shiloh dedicó su vida a a crear conciencia, proteger los lugares de los que dependen las aves playeras y reconocer a las personas que cuidan de esos lugares.
Jugó un papel clave en la recuperación del Ostrero Americano (Haematopus palliatus) a lo largo de la costa atlántica. En Alaska y Cape Cod, colocó transmisores satelitales a individuos de Zarapito Trinador (Numenius phaeopus), revelando detalles fundamentales sobre sus rutas migratorias transoceánicas. A lo largo de la red, nuestros socios han compartido valiosos recuerdos de las huellas que dejó Shiloh.
Se unió a socios en las tierras altas de Antofagasta y Santiago, en Chile, para buscar al esquivo Chorlitejo Cordillerano (Phegornis mitchellii). Bajo su liderazgo, el Proyecto Binacional Pluvianellus logró un hito importante: el primer marcaje satelital de un Chorlito de Magallanes (Pluvianellus socialis), una de las aves playeras más raras del mundo. En homenaje, la Asociación Ambiente Sur renombró al ave (antes conocida solo como 205) como “Shiloh”. Durante su visita al río Maipo (Chile), un sitio RHRAP/WHSRN de Importancia Regional, compartió conocimientos con socios locales e intercambió experiencias sobre la recuperación del Ostrero en América del Norte. “Cuando Shiloh vino a nuestra comunidad, no se comportó como un forastero estudiando algo desde lejos,” escribió un socio. “Se sentó con nosotros. Escuchó. Y se aseguró de que nuestras voces dieran forma a la ciencia.”
Ese espíritu colaborativo fortaleció a la Red Hemisférica. Gracias al trabajo de Shiloh, los sitios de la red dejaron de ser puntos aislados en un mapa para convertirse en refugios conectados—unidos por la misión común de asegurar que nuestras manos den a sus alas un lugar seguro donde aterrizar. Los resultados de su trabajo científico han respaldado la nominación de nuevos sitios RHRAP/WHSRN y seguirán guiando decisiones de conservación en los años por venir.


Trabajando con Zarapitos en Cape Cod. Fotos: Brad Winn
Incluso fuera del ámbito de la conservación, Shiloh daba con generosidad. Formó parte del consejo municipal de su ciudad natal, Northwood (New Hampshire), donde ejercía el servicio comunitario con la misma humildad, dedicación y cuidado que en el campo.
En la familia de RHRAP/WHSRN, su pérdida se siente profundamente—pero su espíritu vive en la red que ayudó a fortalecer. Recordamos su sonrisa amplia al sostener un ave recién anillada, su paciencia para escuchar la preocupación de un pescador local, y su optimismo inquebrantable de que un grupo pequeño de personas comprometidas puede lograr grandes cosas. Shiloh deja atrás una comunidad conectada desde Alaska hasta Tierra del Fuego, que es ahora más sabia, más compasiva y más decidida gracias a su influencia.
Al honrar su memoria, también nos comprometemos a continuar el trabajo de conservación que defendió con tanto coraje e integridad.
Adiós y gracias, Shiloh.
Tu inspiración vive a lo largo del hemisferio.


De visita en Chile, en busca de aves playeras esquivas. Fotos: Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre de Chile (ROC).




