Celebrando 40 Años de RHRAP/WHSRN en Paracas, Donde el Mar y el Desierto se Encuentran

La celebración de los 40 años de la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras (RHRAP/WHSRN por sus siglas en inglés) comenzó en un lugar tan simbólico como imponente: la Reserva Nacional de Paracas, en Perú, donde el océano y el desierto dialogan en un paisaje único y vital para la biodiversidad del continente.

Esta Reserva fue la primera área marino costera protegida del país, creada en 1975, y desde 1991 forma parte de RHRAP/WHSRN. Hoy, con sus 335 mil hectáreas, este sitio celebra 35 años, reafirmando su valor estratégico para la conservación de aves playeras a escala hemisférica. Playas arenosas, zonas intermareales rocosas y acantilados costeros conforman un mosaico de hábitats que sostienen una extraordinaria vida silvestre. 

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Esta reserva marca la parte más al sur del rango de distribución del Playerito Occidental (Calidris mauri) en el Pacífico.

Foto: Salvadora Morales.

Así como Paracas atrae cada verano a visitantes que se desplazan desde distintas regiones para disfrutar de su paisaje costero, también es un destino clave para miles de aves playeras migratorias que llegan desde el hemisferio norte. Entre las especies más frecuentes se encuentran Playero Arenero (Calidris alba), Playerito Occidental (C. mauri), Playerito Semipalmado (C. pusilla) y Chorlo Ártico (Pluvialis squatarola). La Reserva puede albergar alrededor de 100.000 individuos, consolidándose como un sitio de parada clave durante la migración de estas especies. Censos realizados muestran que decenas de miles de aves se alimentan al norte de la desembocadura del río Pisco y, al caer la noche, regresan a descansar dentro de los límites de la Reserva.

En este escenario privilegiado, y en el marco del 40° aniversario de RHRAP/WHSRN, el pasado 2 de enero se llevó a cabo una jornada de observación de aves y charlas, que reunió a más de 60 actores locales vinculados al turismo. Las actividades fueron guiadas por guardaparques de la Reserva Nacional de Paracas, quienes, dotados con binoculares, telescopios y una profunda vocación por la conservación, propiciaron un espacio de aprendizaje, intercambio y conexión con la naturaleza. 

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La Reserva Nacional de Paracas es considerada como una de las más importantes por las autoridades peruanas y organizaciones no gubernamentales de Perú.

Foto: Cindy Galeano

Lejos de ser un público ajeno, los participantes demostraron un vínculo genuino con las aves y su entorno. Algunos ya han integrado la observación de aves a sus actividades económicas como guías de observación, mientras que otros encuentran inspiración en ellas para involucrar a sus familias en expresiones artísticas que celebran la biodiversidad local. Es el caso de María Martínez, artesana y pobladora de la zona, quien luego de más de una década colaborando como voluntaria en la Reserva, dejó volar su creatividad. A través del arte, María ha logrado transmitir a nuevas generaciones su amor por la fauna.

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 “Me tomé la atribución de yo misma hacer flamencos y toda clase de aves con cerámica en fríoaunque hoy en día son mis hijos quienes continúan ese trabajo artesanal.”. 

María Martínez

Artesana y pobladora local

Por su parte, Patricia Saravia, especialista, referente ambiental y técnica de la Reserva, cuenta que el sitio ha enfrentado importantes desafíos a lo largo del tiempo, especialmente vinculados al turismo masivo en áreas sensibles y al manejo de residuos. No obstante, también destaca los avances logrados gracias a un trabajo sostenido con las comunidades locales y a la designación como Sitio de Importancia Regional de RHRAP/WHSRN, que contribuye a impulsar cambios positivos en la gestión y, al mismo tiempo, a posicionar internacionalmente la importancia del sitio para las aves playeras.

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“Designaciones como esta, posiciona a Paracas como referente en conservación de aves playeras en Perú”.

Patricia Saravia

Especialista y referente ambiental

A lo largo de los años, la Reserva Nacional de Paracas ha sabido adaptarse y fortalecerse. Nuevas normativas, mayor control comunitario y una creciente sensibilización han permitido recuperar espacios valiosos para la fauna silvestre, reafirmando que la conservación es un camino compartido.

Desde hace unos diez años, comenzaron a trabajar con voluntarios y, con el tiempo, avanzaron hacia acuerdos de conservación más concretos, acompañados de instancias de capacitación permanente. Hoy, los pobladores locales involucrados en estas iniciativas, acompañados de jóvenes voluntarios, cumplen un rol clave en el cuidado del área protegida. “Son como nuestros ojos y oídos en otras partes de la Reserva; a través de ellos cuidamos estos espacios”, afirma Patricia.

Celebrar los 40 años de WHSRN en Paracas fue mucho más que observar aves: fue conocer historias, aprendizajes y alianzas que, como las migraciones, trascienden fronteras y nos recuerdan que la protección de estos sitios es una responsabilidad colectiva.

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